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Fiesta de la Inmaculada Concepción

Hoy nos reunimos como comunidad de fe para celebrar con alegría y gratitud la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, misterio en el que la Iglesia contempla la obra más pura y perfecta del amor de Dios. Antes de nacer, antes incluso de abrir los ojos al mundo, María fue preservada de toda mancha de pecado original, preparada por el Espíritu Santo para ser la Madre de Jesús, nuestro Salvador.
En esta fiesta, contemplamos a María como imagen de la gracia, de la esperanza y de la fidelidad. Su “sí” humilde y valiente abrió las puertas a la salvación; su vida entera fue un camino de entrega, confianza y amor. Hoy, al reunirnos en torno al altar, pedimos que su ejemplo ilumine nuestro caminar, que su intercesión nos acompañe y que su pureza inspire en nosotros un corazón dispuesto a la voluntad de Dios.
Que esta celebración fortalezca nuestra fe y renueve en cada uno el deseo de vivir con autenticidad, sencillez y alegría, confiando plenamente en la misericordia de Dios, como lo hizo María desde el primer instante de su existencia.
