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Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

Bienvenidos a todos a esta solemne celebración de la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Hoy, de manera especial, nos reunimos para rendir homenaje a Cristo, nuestro Rey eterno, cuya soberanía se extiende más allá de cualquier reino terrenal.
Este domingo lo celebraremos de una manera muy especial, conmemorando la fiesta de Cristo Rey. Sin embargo, hoy nos encontramos con un rey diferente. No es un rey como los de este mundo, a quienes los hombres temen. Jesucristo es un Rey lleno de misericordia, cuya autoridad no se impone con poder y dominio, sino con amor y servicio.
En un mundo donde la imagen de la realeza está asociada con el poder, el lujo y la dominación, Cristo nos revela un reinado totalmente distinto. Él no vino a ser servido, sino a servir. No vino a conquistar territorios, sino a conquistar corazones. Su reinado no está marcado por riquezas materiales, sino por una profunda misericordia y compasión hacia todos, especialmente hacia los más necesitados.
Jesús, nuestro Rey, no está distante ni alejado de nosotros. Él está cerca, y se hace presente en nuestras vidas con un amor que no discrimina, que no se cansa, y que nos abraza con ternura. Cristo no viene para dominar, sino para liberar, para mostrarnos el camino de la verdadera paz.
Hoy, al celebrar esta solemnidad, no solo reconocemos a Cristo como el Rey del Universo, sino también como el Rey que está entre nosotros, que se hace presente en el pan compartido, en la mirada del prójimo, en el gesto de caridad, y en cada acto de amor que realizamos. En Su Reino, los valores no son los de este mundo, sino los del servicio, la humildad, la justicia y el amor.
«Mi reino no es de este mundo» (Jn 18,36), nos recuerda Jesús. Y, en este día, invitamos a cada uno de ustedes a reflexionar sobre cómo estamos viviendo bajo su reinado. ¿Lo reconocemos como el Rey de nuestras vidas? ¿Cómo podemos ser parte de su Reino aquí y ahora, trabajando por un mundo más justo, más solidario, más lleno de esperanza y amor?
Que en este día de la Solemnidad de Cristo Rey, renovemos nuestra fe y nuestro compromiso con su Reino, sabiendo que Él no viene a dominar, sino a abrazarnos. Que su amor transformador y su justicia reine en nuestros corazones, en nuestras familias, y en el mundo entero.
¡Viva Cristo Rey!
